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lunes, 16 de agosto de 2010

Brozo Erectus: “Perdónalos Señor, que no saben lo que hacen”


¡Chamacada puberta, madurona y cebollina! Ora que nos encontramos en este oasis de piernas largas, talles exquisitos y trompitas de Falopio, voy a tratar de sacarlos a orear pa’ que quiten esas caras de víctimas doloridas por los tremendos granos negros que portáis en el anís. Denme de cachetadas si así desquitan su ira, pero la neta es que los miro fruncidos del cutis, entregándose al miedo y al tragedión. Sé que no es pa’ menos, que las matanzas no se acaban, que no hay chambas ni lana, cuantimenos esperanza. Sé que están hasta el cogote de mantener políticos pránganas, partidos traidores, servidores que no sirven y autoridades que se venden al que más les paga.

Me consta que la cosa está del nabo, y ya metido en lo que no me importa, les voy a solicitar que no se quiebren ante los nubarrones cargados de calabaza. Les sacaré del pozo, para que no les acaben robando la risa y el gozo.

¿Cuál es la madre de todas las broncas? Sucede que con todo y las medicinas modernas, nuestras vidas duran un trinche instante, una pizca de nada. No acabamos de dejar la teta, cuando ya nos están echando encima la tierra. Y en este tantito que estamos vivos nos ha tocado la de malas. Nos toca nacer justo cuando la porquería está al alza, cuando las tranzas ya se cargaron todo, cuando la ley ya no es señorita porque decidió dárselas a la mafia. Nos tocó aprender en carne viva que hoy y aquí las ilusiones traen sufrimiento y que los sueños se desbaratan. Está cabrón, porque la minúscula etapa que nos toca respirar es la del caos.

Y aunque nos chille la rata así mero funciona el universo, el mundo, los países y pos’ iguanas los que están leyendo. Del orden al caos, del caos al orden, se corrompe el orden y vuelve a reinar el caos. Siempre. Hasta el chingado infinito.

Pudimos haber nacido rodeados de justicia e igualdad, educados por sabios, guiados por la convicción y las ideas. Pudimos haber mamado alegría en vez de tristeza, oyendo las arpas, oyendo las almas y picándonos a las musas que a nada se niegan. ¡Pero niguas! ¡Tengan su banana, mis changos! Nos tocó bailar con la bizca que trae una trampa de oso entre las piernas. Y no es castigo mis ojales. No se me vayan con la finta de que para esto se viene al mentado valle de lágrimas. No se trata ni de una maldición ni de un hechizo tener que coexistir con el desmadre. No es cosa que venga del cielo y mucho menos de los avernos. No es película de buenos y de malos, ni moconovela de ricos y pobres.

Así como la sienten, así de dura es la vidorria. Todo el chiste está en entender el juego y lograr saber a qué fregados vinimos. ¿A ser ficha, el fieltro, un naipe, el que reparte, el que mira, el que a veces gana o el que siempre pierde?

Orita que me agarran nostálgico e intoxicado, queda que ni mandado a hacer un comentario que me regaló hace un friego el extrañado master Claudio Brook: “Cuando Jesús agonizaba en aquella cruz, miró al cielo y clamó a su Padre: -¡Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen!- El cielo de repente se iluminó entre centellas y retumbó la voz profunda y contundente de Dios: -Ay hijo mío, claro que saben lo que hacen. ¿Qué, acaso no te has dado cuenta que todos son unos hijos de la chingada?”- ¡¡¡Órale!!!

Nos toca nacer justo cuando la porquería está al alza, cuando las tranzas ya se cargaron todo, cuando la ley ya no es señorita porque decidió dárselas a la mafia.
REVISTA PLAYBOY