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viernes, 28 de mayo de 2010

¿Fatiga sexual? Cuando él no tiene ganas


Por increíble que parezca los hombres no siempre quieren sexo. Tal vez pueden pensar en él, sí, casi todo el tiempo. Pero muchas mujeres, sobre todo aquellas que están en relaciones largas de más de 3 años por ejemplo, argumentan que son ellos, sus maridos, novios, amantes, los que en algún momento las rechazan y no las desean. ¿Por qué ocurre esto?
Hace unos días leí que una encuesta realizada en España reveló que el 52 por ciento de los entrevistados rechazaba a su mujer a causa del estrés, del cansancio laboral, de haber abusado de algunas copas de alcohol o de otros temas que a ojos femeninos nos pueden parecer tan vanos, como la derrota de su equipo de futbol. Sí, como lo escucharon. La derrota de su equipo favorito de futbol.

Por supuesto, es un tema del que poco se habla, pues no es visto como un problema en un inicio. La mujer, ella es quien debe resignarse a no tener sexo por esa noche. Y las que sigan. Pero cuando él sí quiere entonces ella debe estar dispuesta. Y esa inequidad en la cama es lo que a las mujeres no les gusta del todo. Justo ahí es cuando comienzan los problemas y preguntas como ¿por qué cuando él si quiere yo debo ceder y cuando yo quiero a él parece no importarle si no me complace?

Entonces arde Troya. En estos casos es muy común que las mujeres se callen sus sentimientos y rencores, pero ojo que tarde o temprano saldrán a flote, en el momento más inesperado (o tal vez justamente en el más esperado).

Lo siguiente que ocurre en el pensamiento femenino es que ellas creen que ya no son más objeto de deseo, que ellos están con alguien más, tienen una aventura, y entonces comienzan las inseguridades, los complejos y las suposiciones. Muchas veces este tema ha terminado con matrimonios o con relaciones. Por no hablar, por irse siempre por la tangente.

Es un estado por el que pasan todas las parejas y es más normal de lo que se piensa. Pero como es un tema del que poco se habla, creemos que ese pequeño gran problema sólo nos ocurre a nosotros, a nuestra pareja. Nada más lejos de la realidad. Es muy normal y común. Así también es fácil de resolver.

Pero entonces ¿qué hacer cuando a ellos les ocurre esto? Ellos como a nosotras nos pasa no tienen deseo todo el tiempo. Hay que provocarlo. Muchas veces la cotidianeidad termina por acabar con esas relaciones.
A veces el problema no es una falta de deseo, a veces son decisiones que se toman de manera unilateral (sin consultarse, sin hablarlo), lo que provoca aún más la molestia del otro miembro de la pareja.

Mucho de esto tiene que ver con la cultura. Al hombre se le ha enseñado que su sexualidad radica total y enteramente en su pene. Como las mujeres siempre hemos estado abiertas a otro tipo de incentivos sexuales, no todo para nosotras son los genitales. Pero en ellos es distinto.
Por eso luego de un día de cansancio, de agobio o de estrés, lo último que querrán los hombres será sentirse excitados para comenzar la faena sexual. Pero ¿quién les ha dicho que debe ser así?
El hombre por tanto se siente culpable por no desear a su mujer, aunque la ame, pues a esas alturas el amor y el deseo ya están por lados distintos. Y ella se siente culpable creyendo que debido a ella y nada más que ella, él no tiene deseos de hacerle el amor.

Lo ideal es hablar acerca de lo que está pasando. Qué le preocupa a él y ella no debe de tomarse nada de este proceso personal. Es un proceso muy masculino, como le ocurriría a ella en su lugar. Sólo que en ese caso él entendería o no se lo tomaría tan personal. Ella no, nosotras siempre le buscamos tres pies al gato.
Algunos factores clave para que la libido masculina disminuya son: el estrés, exceso de preocupaciones o la depresión. Muchas veces, el hombre ni siquiera se da cuenta de que se encuentra en esas situaciones.
Lo mejor es siempre hablar, que las dos partes expresen cómo se sienten ellos ante lo que ocurre (sin culpar a nadie, pues el sentimiento es propiedad de cada quien y nadie tiene injerencia en ello).

Si el asunto ha llegado a mayores entonces habrá que pedir ayuda profesional, pero para evitar llegar a un extremo lo mejor es que cuando ocurran los primeros detalles, las primeras sensaciones o incomodidades en torno a este tema, será mejor hablarlo.
Lo que ellas deberían de hacer:
No sentirse culpables
No sentir que ellas son las "del problema"
No pensar que él las engaña o tiene una aventura
Revivir el deseo
Hablar con él y preguntar qué ocurre con honestidad
Sacar a la pareja de la monotonía
Darte cuenta de que el problema, verdaderamente no está en ti, sino en él
Tú sólo puedes ayudarle a poner de tu parte para que la parte que te toca de la relación funcione.

No te agobies, ni te deprimas, mejor actúa.
Demuestra tu amor a tu pareja usando tu imaginación para resolver juntos este problema.
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